
martes, 22 de mayo de 2007
viernes, 18 de mayo de 2007
Desde..Walter Benjamin
El carácter destructivo
WALTER BENJAMIN
Del libro "Discursos Interrumpidos I", Walter Benjamin (Taurus Ediciones-1982)
Puede ocurrirle a alguno que, al contemplar su vida retrospectivamente, reconozca que casi todos los vínculos fuertes que ha padecido en ella tienen su origen en hombres sobre cuyo "carácter destructivo" está todo el mundo de acuerdo. Un día, quizás por azar, tropezará con este hecho, y cuanto más violento sea el choque que le cause, mayores serán las probabilidades de que se represente el carácter destructivo. El carácter destructivo sólo conoce una consigna: hacer sitio; sólo una actividad: despejar. Su necesidad de aire fresco y espacio libre es más fuerte que todo odio.
El carácter destructivo es joven y alegre. Porque destruir rejuvenece, ya que aparta del camino las huellas de nuestra edad; y alegra, puesto que para el que destruye dar de lado significa una reducción perfecta, una erradicación incluso de la situación en que se encuentra. A esta imagen apolínea del destructivo nos lleva por de pronto el atisbo de lo muchísimo que se simplifica el mundo si se comprueba hasta qué punto merece la pena su destrucción. Este es el gran vínculo que enlaza unánimemente todo lo que existe. Es un panorama que depara al carácter destructivo un espectáculo de la más honda armonía.
El carácter destructivo trabaja siempre fresco. Es la naturaleza la que, al menos indirectamente, le prescribe el ritmo: porque tiene que tomarle la delantera. De lo contrario será ella la que emprenda la destrucción. Al carácter destructivo no le ronda ninguna imagen. Tiene pocas necesidades y la mínima sería saber qué es lo que va a ocupar el lugar de lo destruido. Por de pronto, por lo menos por un instante, el espacio vacío, el sitio donde estuvo la cosa que ha vivido el sacrificio. Enseguida habrá alguien que lo necesite sin ocuparlo.
El carácter destructivo hace su trabajo y sólo evita el creador. Así como el que crea, busca para sí la soledad, tiene que rodearse constantemente el que destruye de gentes que atestigüen su eficiencia. El carácter destructivo es una señal. Así como un punto trigonométrico está expuesto por todos lados al viento, él está por todos lados expuesto a las habladurías. No tiene sentido protegerle en contra. El carácter destructivo no está interesado en absoluto en que se le entienda. Considera superficiales los empeños en esa dirección. En nada puede dañarle ser malentendido. Al contrario, lo provoca, al igual que lo provocaron los oráculos, instituciones destructivas del Estado. El más pequeño burgués de todos los fenómenos, el cotilleo, tiene lugar sólo porque las gentes no quieren ser malentendidas. El carácter destructivo deja que se le entienda mal; no favorece el cotilleo.
El carácter destructivo es el enemigo del hombre-estuche. El hombre-estuche busca su comodidad y la médula de ésta es la envoltura. El interior del estuche es la huella que aquél ha impreso en el mundo envuelta en terciopelo. El carácter destructivo borra incluso las huellas de la destrucción. El carácter destructivo milita en el frente de los tradicionalistas. Algunos transmiten las cosas en tanto que las hacen intocables y las conservan; otros las situaciones en tanto que las hacen manejables y las liquidan. A estos se les llama destructivos.
El carácter destructivo tiene la consciencia del hombre histórico, cuyo sentimiento fundamental es una desconfianza invencible respecto del curso de las cosas (y la prontitud con que siempre toma nota de que todo puede irse a pique). De ahí que el carácter destructivo sea la confianza misma. El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes. Donde otros tropiezan con muros o con montañas, él ve también un camino. Y como lo ve por todas partes, por eso tiene siempre algo que dejar en la cuneta. Y no siempre con áspera violencia, a veces con violencia refinada. Como por todas partes ve caminos, está siempre en la encrucijada. En ningún instante es capaz de saber lo que traerá consigo el próximo. Hace escombros de lo existente, y no por los escombros mismos, sino por el camino que pasa a través de ellos.
El carácter destructivo no vive del sentimiento de que la vida es valiosa, sino del sentimiento de que el suicidio no merece la pena.
El presente texto fue publicado en el Nº1 de Revista Contratiempo, En busca del tiempo perdido.Volver a Portada Revista Contratiempo Nº 1
WALTER BENJAMIN
Del libro "Discursos Interrumpidos I", Walter Benjamin (Taurus Ediciones-1982)
Puede ocurrirle a alguno que, al contemplar su vida retrospectivamente, reconozca que casi todos los vínculos fuertes que ha padecido en ella tienen su origen en hombres sobre cuyo "carácter destructivo" está todo el mundo de acuerdo. Un día, quizás por azar, tropezará con este hecho, y cuanto más violento sea el choque que le cause, mayores serán las probabilidades de que se represente el carácter destructivo. El carácter destructivo sólo conoce una consigna: hacer sitio; sólo una actividad: despejar. Su necesidad de aire fresco y espacio libre es más fuerte que todo odio.
El carácter destructivo es joven y alegre. Porque destruir rejuvenece, ya que aparta del camino las huellas de nuestra edad; y alegra, puesto que para el que destruye dar de lado significa una reducción perfecta, una erradicación incluso de la situación en que se encuentra. A esta imagen apolínea del destructivo nos lleva por de pronto el atisbo de lo muchísimo que se simplifica el mundo si se comprueba hasta qué punto merece la pena su destrucción. Este es el gran vínculo que enlaza unánimemente todo lo que existe. Es un panorama que depara al carácter destructivo un espectáculo de la más honda armonía.
El carácter destructivo trabaja siempre fresco. Es la naturaleza la que, al menos indirectamente, le prescribe el ritmo: porque tiene que tomarle la delantera. De lo contrario será ella la que emprenda la destrucción. Al carácter destructivo no le ronda ninguna imagen. Tiene pocas necesidades y la mínima sería saber qué es lo que va a ocupar el lugar de lo destruido. Por de pronto, por lo menos por un instante, el espacio vacío, el sitio donde estuvo la cosa que ha vivido el sacrificio. Enseguida habrá alguien que lo necesite sin ocuparlo.
El carácter destructivo hace su trabajo y sólo evita el creador. Así como el que crea, busca para sí la soledad, tiene que rodearse constantemente el que destruye de gentes que atestigüen su eficiencia. El carácter destructivo es una señal. Así como un punto trigonométrico está expuesto por todos lados al viento, él está por todos lados expuesto a las habladurías. No tiene sentido protegerle en contra. El carácter destructivo no está interesado en absoluto en que se le entienda. Considera superficiales los empeños en esa dirección. En nada puede dañarle ser malentendido. Al contrario, lo provoca, al igual que lo provocaron los oráculos, instituciones destructivas del Estado. El más pequeño burgués de todos los fenómenos, el cotilleo, tiene lugar sólo porque las gentes no quieren ser malentendidas. El carácter destructivo deja que se le entienda mal; no favorece el cotilleo.
El carácter destructivo es el enemigo del hombre-estuche. El hombre-estuche busca su comodidad y la médula de ésta es la envoltura. El interior del estuche es la huella que aquél ha impreso en el mundo envuelta en terciopelo. El carácter destructivo borra incluso las huellas de la destrucción. El carácter destructivo milita en el frente de los tradicionalistas. Algunos transmiten las cosas en tanto que las hacen intocables y las conservan; otros las situaciones en tanto que las hacen manejables y las liquidan. A estos se les llama destructivos.
El carácter destructivo tiene la consciencia del hombre histórico, cuyo sentimiento fundamental es una desconfianza invencible respecto del curso de las cosas (y la prontitud con que siempre toma nota de que todo puede irse a pique). De ahí que el carácter destructivo sea la confianza misma. El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes. Donde otros tropiezan con muros o con montañas, él ve también un camino. Y como lo ve por todas partes, por eso tiene siempre algo que dejar en la cuneta. Y no siempre con áspera violencia, a veces con violencia refinada. Como por todas partes ve caminos, está siempre en la encrucijada. En ningún instante es capaz de saber lo que traerá consigo el próximo. Hace escombros de lo existente, y no por los escombros mismos, sino por el camino que pasa a través de ellos.
El carácter destructivo no vive del sentimiento de que la vida es valiosa, sino del sentimiento de que el suicidio no merece la pena.
El presente texto fue publicado en el Nº1 de Revista Contratiempo, En busca del tiempo perdido.Volver a Portada Revista Contratiempo Nº 1
jueves, 17 de mayo de 2007
Desde Mariano...Educación Popular
Noche de Encuentros Lúdicos sobre la Mesa
Juegos de Mesa CLÁSICOS, NUEVOS, ANCESTRALES, EXTRAÑOS
Vas a poder encontrar:
Damas, Ajedrez, Quarto!, Quoridor, Monkey Loco, Wari, Backgammon,
Las Cobras de Shangai, Damas Chinas... juegos nuevos cada mes.
Terceros Viernes de cada mes de 21hs hasta las 4 am.
Organizan, coordinan y juegan: "La Cantera" (casi Asoc. Civil) y, Casona Cultural Humahuaca.
¿Dónde?: Humahuaca 3509, en el corazón del Abasto.
Entrada (no obligatoria): BONO CONTRIBUCIÓN (para comprar más juegos)... si no tenés, esta vez, te invitamos
Juegos de Mesa CLÁSICOS, NUEVOS, ANCESTRALES, EXTRAÑOS
Vas a poder encontrar:
Damas, Ajedrez, Quarto!, Quoridor, Monkey Loco, Wari, Backgammon,
Las Cobras de Shangai, Damas Chinas... juegos nuevos cada mes.
Terceros Viernes de cada mes de 21hs hasta las 4 am.
Organizan, coordinan y juegan: "La Cantera" (casi Asoc. Civil) y, Casona Cultural Humahuaca.
¿Dónde?: Humahuaca 3509, en el corazón del Abasto.
Entrada (no obligatoria): BONO CONTRIBUCIÓN (para comprar más juegos)... si no tenés, esta vez, te invitamos
miércoles, 16 de mayo de 2007
Desde Claudia .....Cosa Memorable
Cosa Memorable
Fuente:http://cocinera-de-lecter.blogspot.com/
Hace tiempo me era imposible dejar la Pentax K1000 (era paleozoica casi) a 20cm de mí. La necesitaba como ahora necesito mi belleza blanca para los viajes cortitos.
Para los viajes de ayer, los viajes largos, necesitaba la Pentax K1000.
Y cuando lo ángeles de los cementerios perdidos de los pueblos de la provincia me llamaban, acudía y les quitaba un poquito el alma. Un par de fotos no más y me iba.
Una tarde, con el verano chorreándome entero, un angelito le rezaba a una sombra.
Le quité el alma y me fui.Verdaderamente, una foto memorable.
Fuente:http://cocinera-de-lecter.blogspot.com/
Hace tiempo me era imposible dejar la Pentax K1000 (era paleozoica casi) a 20cm de mí. La necesitaba como ahora necesito mi belleza blanca para los viajes cortitos.
Para los viajes de ayer, los viajes largos, necesitaba la Pentax K1000.
Y cuando lo ángeles de los cementerios perdidos de los pueblos de la provincia me llamaban, acudía y les quitaba un poquito el alma. Un par de fotos no más y me iba.
Una tarde, con el verano chorreándome entero, un angelito le rezaba a una sombra.
Le quité el alma y me fui.Verdaderamente, una foto memorable.
martes, 15 de mayo de 2007
Desde...El castellano
LA PALABRA DEL DÍA
Fuente: www.elcastellano.org
Foto: artista callejero - Liliana
mimo
Un mimo es un intérprete teatral que se vale de gestos para expresarse ante el público. Para los griegos y los romanos, los mimos eran actores de categoría inferior, una especie de bufones que imitaban a otras personas. Hoy, sin embargo, se considera que la expresión corporal es una de las formas más difíciles y refinadas de la actuación teatral.
Entre los romanos, surgió en cierta época el pantomimus, un mimo que, además de la expresión corporal, se valía de máscaras y palabras, pero en el siglo v, esta arte fue prohibida por la Iglesia por burlarse de los sacramentos.
La mímica renació a partir del siglo xvi con la Commedia dell’Arte (V. T. I, pantalón) y alcanzó la categoría de gran arte en los siglos xix y xx, con Jean-Gaspard Deburau y Marcel Marceau y, en el cine mudo, con Carlitos Chaplin.
La palabra mimo nos llegó a partir del mimus romano y del mimos griego. Por su parte pantomima (del latín pantomimus) se formó mediante la anteposición del adjetivo griego pantos (todo). La habilidad del mimo para imitar inspiró una serie de palabras de nuestro idioma, tales como ‘mímica’, ‘mimetismo’ y la ‘mimosa’ la planta sensitiva que al ser tocada parece esbozar un gesto casi humano.
Entre los romanos, surgió en cierta época el pantomimus, un mimo que, además de la expresión corporal, se valía de máscaras y palabras, pero en el siglo v, esta arte fue prohibida por la Iglesia por burlarse de los sacramentos.
La mímica renació a partir del siglo xvi con la Commedia dell’Arte (V. T. I, pantalón) y alcanzó la categoría de gran arte en los siglos xix y xx, con Jean-Gaspard Deburau y Marcel Marceau y, en el cine mudo, con Carlitos Chaplin.
La palabra mimo nos llegó a partir del mimus romano y del mimos griego. Por su parte pantomima (del latín pantomimus) se formó mediante la anteposición del adjetivo griego pantos (todo). La habilidad del mimo para imitar inspiró una serie de palabras de nuestro idioma, tales como ‘mímica’, ‘mimetismo’ y la ‘mimosa’ la planta sensitiva que al ser tocada parece esbozar un gesto casi humano.
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