viernes, 17 de agosto de 2007

sábado, 11 de agosto de 2007

Día del Niño




DESGANAS
Si cuarenta mil niños sucumben diariamente en el purgatorio del hambre y de la sed si la tortura de los pobres cuerpos envilece una a una a las almas y si el poder se ufana de sus cuarentenas o si los pobres de solemnidad son cada vez menos solemnes y más pobres ya es bastante grave que un solo hombreo una sola mujer contemplen distraídos el horizonte neutro pero en cambio es atroz sencillamente atroz si es la humanidad la que se encoge de hombros. Mario Benedetti

jueves, 9 de agosto de 2007

9 de agosto de 1945 - Yosuke Yamahata

Fuente:
http://www.nnc.cubaweb.cu/paginasat/gal4.htm
"Fotografiando la Bomba"
"La memoria humana, tiene la tendencia de desviarse y el juicio crítico a desvanecerse, con los años, con los cambios en el estilo de vida y por las circunstancias. Pero la cámara, al captar la realidad de aquel momento, nos trae ante nuestra vista, los hechos irrefutables ocurridos siete años atrás, sin necesidad de ningún maquillaje. Hoy, con la notable recuperación de Nagasaki e Hiroshima, es difícil recordar el pasado, pero estas fotografías continuarán mostrándonos en testimonio inequívoco de la realidad de aquel tiempo."
Yosuke Yamahata
Hace 60 años, Yosuke Yamahata fotógrafo de profesión asignado al Cuerpo Occidental del Ejército de Japón, fue enviado con otros dos hombres a documentar los efectos del "nuevo tipo de bomba" que había sido lanzada sobre Nagasaki. Fue acompañado por el pintor Eije Yamada, y el escritor Jun Higashi quienes debían tomar apuntes sobre los efectos del bombardeo. Viajaron por tren sorteando mil dificultades, en un viaje que tomó el doble del tiempo necesario, para finalmente llegar el día 10 de Agosto de 1945, menos de 24 horas después que la bomba fue lanzada.
Yosuke Yamahata y sus compañeros caminaron en medio de los escombros, las cenizas y en total oscuridad, hasta el puesto de policía cercano a la bahía de Nagasaki. Luego de un descanso en el suelo desnudo; al asomar los primeros rayos de sol, Yamahata comenzó a tomar fotografías. Para esa tarde, ya había capturado las últimas imágenes cerca de la estación de primeros auxilios al norte de la ciudad. En un solo día, había completado el único registro fotográfico, del día después del bombardeo atómico. El dantesco escenario estaba grabado, aunque de manera efímera, en las mentes de esos tres hombres, pero las películas contenían las imágenes imborrables de la peor tragedia ocurrida en el mundo, por obra del hombre.
Veinte años después, el 6 de Agosto de 1965, cuando se recordaba el vigésimo aniversario del bombardeo a Hiroshima, el Sr. Yamahata enfermó súbitamente. A los 48 años de edad, le fue diagnosticado cáncer terminal al duodeno, probablemente debido a efectos radiactivos residuales recibidos en Nagasaki en 1945. Murió el 18 de Abril de 1966 y fue enterrado en el cementerio de Tama en Tokio.
Ver testimonio fotográfico ..

sábado, 4 de agosto de 2007

Feliz Dìa Madre Tierra - desde Wamani Kuntari


La tierra tiene poder.
Cambia
con sereno movimiento navega
destaca su presencia,
interpolando sonidos silenciosos
presencias mudas de otras miradas.
Luz.
Color
La rueda gira.
Torbellino salvaje.
Emociona sentidos.
Extrema prudencia.
Lo femenino escenifica su presencia
Mostrando luz.
Lo masculino se muestra sol
Para ser luna.
La tierra gira y da más vueltas.
Tiene poder.
Cósmica danza.
Marcando sístoles y diástoles puedes verlo.
Con ella danzamos
En ella soñamos.


Somos Pacha que anda, celebremos y honremos la Vida, en cada acto desde donde habla el corazón, en justicia y verdad.

jueves, 2 de agosto de 2007

Nada me gusta mucho - Por Claudia Messing





“Nada me gusta mucho...”
(Fotografia: Liliana)
A diferencia de los jóvenes que, hace unos años, requerían orientación vocacional “por dudas o conflictos entre carreras”, hoy –según la autora de esta nota– suelen presentar “estados de apatía, resultado de una gran desconexión emocional”.
Por Claudia Messing *
Cada vez más adolescentes, al consultar por orientación vocacional, manifiestan que desean seguir estudiando pero, en realidad, no logran interesarse o sentirse atraídos en forma consistente hacia ninguna carrera o campo ocupacional. Nada los convence ni los seduce suficientemente. Por más técnicas activas, gráficas, lúdicas y psicodramáticas o tests de intereses y aptitudes que se apliquen, no logran descubrir en sí mismos ninguna área del hacer o del saber que les resulte verdaderamente atractiva, y, si la encuentran, no pueden luego sostener sus objetivos.
Se percibe que no están en condiciones de elegir con convicción porque falla en ellos algo más básico, más determinante, previo a la tarea de elegir: falla algo en el orden del deseo; no pueden interesarse profundamente por nada, porque están emocionalmente desconectados, apáticos, desmotivados. No pueden encontrar imágenes ocupacionales agradables ni lugares para informarse y visitar, ni elementos con los cuales identificarse. Muchos van de carrera en carrera pensando que todavía no encontraron su verdadera vocación, sin percibir que el problema es otro.
Horacio Romero González (“Interrogantes, encrucijadas y nuevos paradigmas en el campo de la orientación vocacional”, ponencia en el II Congreso Informático de Psicopedagogí a y Orientación Vocacional, 2003), confirma, a partir de una investigación efectuada en la Universidad Nacional de Río Cuarto, la presencia de estas nuevas sintomatologí as vocacionales: “Hemos corroborado la marcada apatía y falta de interés de muchos de nuestros ingresantes, que se sienten desorientados en relación con la construcción de un futuro para sí mismos. No tienen convicciones propias, no poseen motivaciones fuertes que vayan más allá de lo inmediato y carecen de una cosmovisión personal”.
Otros jóvenes, en el trabajo de orientación vocacional, identifican con relativa facilidad un campo propio de intereses, pero les cuesta tomar una decisión porque no logran motivarse o entusiasmarse. Muchos estudiantes –a menudo talentosos– se inscriben en carreras que coinciden con sus intereses y habilidades, pero rápidamente pierden su entusiasmo, porque carecen de la capacidad para sostener sus intereses y para entregarse a un objetivo que implica una disciplina y un esfuerzo totalmente diferente al que estaban acostumbrados desde la escuela media. Casi el 40 por ciento de 1000 alumnos encuestados por el Centro de Opinión de la Universidad de Belgrano, entre 2003 y 2004, manifiesta “estudiar a desgano la carrera que eligió y piensa que debería haber elegido otra cosa”, aunque la mitad de ellos “no piensa en cambiarla ni abandonarla”. Probablemente perciben que, si cambiaran de carrera, al poco tiempo experimentarí an el mismo desgano.
La Orientación Vocacional debería incluir entre sus objetivos la posibilidad de abordar estas nuevas sintomatologí as emocionales, que no se reducen a una incorrecta elección de la carrera por falta de información adecuada de sí mismos o de las carreras elegidas: aun mediando buenos procesos de elección vocacional, acordes con sus intereses y facilidades, los jóvenes no pueden sostener sus objetivos, los prolongan en el tiempo, se desmoralizan y terminan abandonando o eternizando sus proyectos. De hecho, la duración real de cursado de las carreras universitarias es, en promedio, un 60 por ciento superior a la prevista.
En otros jóvenes se presentan temores y ansiedades fóbicas paralizantes. A pesar de identificar sus intereses vocacionales, muchos no pueden tomar una decisión, porque la idea de estudiar una carrera les despierta fuertes sensaciones de encierro, agobio o aburrimiento. Sienten un gran temor a quedar atrapados en la carrera elegida, tienen miedo a asfixiarse, a perder su libertad, a que el estudio les impida hacer otras cosas, como estar con los amigos, jugar al fútbol, tocar la guitarra o tener tiempo para no hacer nada. Otros experimentan esas mismas vivencias claustrofóbicas durante el cursado de sus carreras. Muchos continúan con insatisfacció n y otros abandonan.
Muchísimos jóvenes no logran avanzar en sus carreras porque sus conductas fóbicas y evitativas les impiden estudiar. A menudo consultan pensando que se equivocaron de carrera cuando lo que les pasa es que no logran sentarse a estudiar, no pueden concentrarse ni organizar un método de estudio medianamente eficaz, se angustian, se duermen, desarrollan técnicas evitativas para perder el tiempo, se distraen permanentemente.
La mayoría de los estudiantes arrastra también graves problemas de aprendizaje del nivel anterior, lo cual los desmoraliza e impulsa a una rápida deserción o los hace permanecer durante años en los niveles iniciales de sus carreras.
La desconexión emocional de los jóvenes es una de las problemáticas más intensas de la actualidad, y ha sido hasta ahora insuficientemente identificada y conceptualizada, pese a que aparece en muy distintos ámbitos de la problemática adolescente (por ejemplo, la dificultad para darse cuenta de los embarazos adolescentes se vincula con la desconexión emocional respecto del propio cuerpo). A su vez, esta desconexión les impide percibir la fragilidad de sus intereses, su desmotivación, sus conductas fóbicas y sus problemas de aprendizaje.
Inconsistentes
Entonces, no se trata de la tradicional desorientació n vocacional por falta de información de las carreras o por falta de reconocimiento de los propios intereses, o por falta de elaboración de mandatos familiares, o por dudas o conflictos entre varias carreras. Estamos hablando de nuevas sintomatologí as emocionales que perturban el proceso de elección y de cursado de los estudios superiores: una gran desconexión emocional que deja a los jóvenes en un estado de apatía; dificultades para sostener los propios objetivos que dejan a los jóvenes en un estado de insatisfacció n y vuelven sus elecciones vocacionales frágiles e inconsistentes; conductas fóbicas que obstaculizan el compromiso con una carrera; hiperexigencia y miedo al fracaso. Nuevas sintomatologí as emocionales que rodean la elección y realización de una carrera; en su conjunto, constituyen un verdadero síndrome vocacional que determina, en muchísimos casos, la deserción en los estudios superiores.
Esta problemática excede los parámetros y recursos de la orientación vocacional tradicional. En la década del 80 la mayoría de estos jóvenes hubieran sido definidos como pertenecientes a la categoría de “no orientables”, “predilemáticos” , derivables a una consulta psicoterapéutica (véase Orientación vocacional: una estrategia clínica, de Rodolfo Bohoslavsky) . Hoy, por su masividad, este fenómeno constituye una respuesta fallida a un conjunto de cambios históricos, políticos, sociales, económicos, culturales y familiares acerca de los cuales los orientadores vocacionales deben ser capaces de profundizar y penetrar para poder elaborar nuevos instrumentos de abordaje.
No se han realizado todavía, a nivel nacional, investigaciones que permitan evaluar cuantitativamente la magnitud de estas nuevas sintomatologí as vocacionales, pero podemos percibir su dimensión a través de las estadísticas de fracaso y deserción en los estudios superiores. De acuerdo con datos oficiales, en universidades nacionales sólo el 11 por ciento de los ingresantes llega a recibirse.
* Extractado de Desmotivación, insatisfacció n y abandono de proyectos en los jóvenes. Orientación vocacional y vínculos familiares, de próxima aparición (ed. Noveduc).

domingo, 29 de julio de 2007

La erosión cultural por Oscar Taffetani


La erosión cultural 25/07/07
Por Oscar Taffetani
Fuente: Fundaciòn Pelota de Trapo
Fotografìa: Liliana

(APE).- Está muy cara la verdura y algunos viejos se acuerdan de cuando eran jóvenes y carpían un pedacito de tierra, en el fondo de sus casas y se daban el gusto de tener cebolla y tomate y perejil propios en la mesa. Ya todo eso pasó, porque los hábitos -como se dice- han ido cambiando. El hábito de que papá o mamá estén en casa, por ejemplo. El hábito de que la abuela o el abuelo estén en casa, cuidando y educando a los nietos. El hábito de regalar la verdurita para la sopa o de entregar un puñadito de perejil en las verdulerías. Hoy todo se vende y se compra, a valores de mercado... (es decir, los valores que fijan los dueños del mercado). Y quien no puede comprar (porque no tiene con qué) es un verdadero desgraciado. Pero, bueno, así es la huerta global, la huerta que abastece a la aldea global, en un mágico mundo en donde la mayoría de la gente tiene hambre. El perejil está caro porque el verdulero dice no sé qué cosa de la cadena de precios. Parece que en Oceanía lo están probando como bíocombustible. Además, el sobre con semillas de perejil que le dieron al chico en la escuela, para favorecer la cultura del trabajo, tampoco sirve. Le falta el compuesto antimaleza. Le falta el agroquímico indicado. Y el fertilizante específico. Cuánta maleza ha invadido el lenguaje, en los últimos tiempos. Para colmo de males, los jefes y jefas de hogar -diría Gelman- ya no jefan. No son jefes de su vida. Ni de su circunstancia. Así las cosas, sube el perejil. Y en el horizonte de la pampa, en el gran país de los ganados y las mieses, el paisaje es desolador.
Pequeños asesinatos
Educadores y gente del Movimiento -ésos que cada día brindan la contención que un Estado ausente no puede brindar-, nos traen historias terribles, sobre leyes perversas y políticas perversas, sobre eufemismos y pequeños asesinatos. Nos dicen que en San Juan, por ejemplo, en esa provincia cuyana que se ha lanzado con bombos y platillos (y con Pascua Lama) a una nueva quimera del oro, hay niños desnutridos. Y que el Estado sanjuanino decidió asignar $ 50 (sí, cincuenta pesos) al mes por cada niño desnutrido de una familia. Claro que si el chico aumenta de peso y pasa el umbral de la desnutrición, entonces la familia deja de cobrar el subsidio. Por ese motivo hay padres (malvados padres de los cuentos de terror que cuenta el Estado) que no quieren que sus hijos dejen de estar desnutridos. Hay malvadísimos padres que no quieren que sus hijos salgan del hambre. Créase o no. Fue en la antigua Roma cuando se utilizó por primera vez la palabra cultura. Hablar de cultura en aquellos tiempos era hablar del cultivo de la tierra. Y eso tenía que ver, a la vez, con el cultivo del espíritu, con el mundo de las ideas y el conocimiento. Pues bien, lo que el capitalismo ha producido, en 200 años de evolución, ha sido una erosión de la cultura popular. Ha convertido el conocimiento, el saber y hasta la curiosidad humana en un botín, en un bien que se disputan y retacean las academias, las universidades, las corporaciones. Fuera de ese territorio, sólo ve un mercado. Sólo ve ciudadanos consumidores. Así se han ido perdiendo los oficios. Y también se han ido perdiendo los saberes, los hábitos y los modos de esa antigua escuela de vida llamada hogar. Hoy todo se vende prefabricado, listo para usar o consumir, sea comida o bebida; sea ropa o ideas. La idea de la cultura del trabajo, por ejemplo, es prefabricada. La utilizan para justificar una política perversa. Primero atrofian el brazo que empuña la pala y luego le piden a ese mismo brazo que se mueva, que trabaje... Mucha maleza habrá que quitar del lenguaje para volver a tener una lengua-herramienta, una lengua que sirva para expresar lo que nos pasa. Y para buscar a nuestros hermanos. Y para construir el mundo que necesitamos. "Ah, pero eso va a llevar mucho tiempo", dice un compañero. "Claro, y por eso tenemos que comenzar hoy mismo", le responde otro.

sábado, 28 de julio de 2007

El Hornero


La parda y movediza figurita del hornero es bien conocida por los habitantes de América del Sur, de donde es oriunda la especie. En la muchas áreas se lo cree de buen augurio y en el Paraguay se le agradece en cierto modo el invento del rancho ya que la leyenda sobre el origen del nombre Alonso García -como se denomina al hornero- afirma que así se llamaba quien, imitando su nido, construyó el primer rancho de barro.

Fuente: Revista ecología

Fotografìa: Liliana, Peru, Valle Fertil.